El espacio está lleno de vibraciones. Vibraciones que proceden de la
excitación de los cuerpos y son una manifestación de su energía. Algunas de estas
vibraciones tienen naturaleza electromagnética y se denominan radiaciones.
La radiación que puede ver nuestros ojos la denominamos luz, de la
que apreciamos intensidad y color.
- Intensidad:
La intensidad es la cantidad de radiación que percibimos. Somos
sensibles a un amplio rango de intensidades. En los extremos, una luz muy intensa puede
cegarnos, es decir saturarnos y una luz excesivamente débil puede no sobrepasar nuestro
umbral sensible y hacernos sentir a oscuras.
- El color de la luz:
Percibimos las distintas longitudes de onda de la luz de forma
diferenciada. Esas diferentes impresiones reciben el nombre de color.
Los cuerpos emiten y absorben distintas longitudes de onda, es decir,
distintos colores, que al llegar a nuestros sentidos mezclados nos producen impresiones
complejas, a cada una de las cuales corresponde un color de la infinita gama existente.
Los colores del vino abarcan una gama que se extiende
desde el amarillo al rojo (de los 790 a los 490 nm)
El color de los cuerpos: 
El color que percibimos de un cuerpo es el de la radiación que no
absorbe. Hay cuerpos opacos a la luz de los que sólo percibimos el color de la
superficie, y otros transparentes, como el cristal, a través de los cuales la luz fluye
de los que percibimos el color de todo su volumen.
El vino es un fluido
transparente. Su color es el de la luz que no retiene cuando pasa a través de él. Un
vino tinto es rojo porque deja pasar la radiación roja y absorbe toda la demás. 
Por esa razón, para observar un vino
debemos interponerlo en el camino de un flujo de luz blanca, que es la que contiene mayor
riqueza cromática, con lo que el líquido podrá absorber y rechazar mayor cantidad de
matices tonales.
El ojo es un sensor maravilloso en forma de pequeño globo que
transforma los haces lumínicos en impulsos nerviosos mediante los cuales el cerebro
construye imágenes.
Compartimos el órgano de la vista con
la mayoría de los seres vivientes y cada uno de ellos obtiene una particular visión del
mundo sensible.
El ojo humano 
Es un órgano extremadamente preciso
capaz de apreciar sutiles matices en la radiación a la que es sensible. Para ello utiliza
dos sistemas diferentes. Un sistema óptico y uno neurológico. 
El sistema óptico está integrado por la
córnea y el cristalino.
El sistema neurológico por la retina y el nervio óptico
- Cromatismo
El color es información y nos descubre numerosas propiedades del
mundo sensible: el verde en las hojas nos habla de su función, de la presencia de
clorofila. El gris de las nubes, de su carga de agua. Pero el color, como toda
información, nos produce emociones:
Las hojas verdes nos sugieren primavera, juventud, frescor. Las nubes
grises nos amenazan, enturbian, imponen.
El color influye en alto grado en la apetencia de alimentos y
bebidas. Ciertos colores fríos, como el azul, no son alimentarios.
De igual forma, el color de los vinos nos
comunica su cuerpo, edad y carácter, y nos sugiere emociones. En su globalidad, las
impresiones cromáticas de un vino son siempre cálidas a nuestra mente. Colores ligeros y
alegres (amarillos y verdosos) o profundos a tórridos (rosas y granates), nos transmiten,
a la vez, intensidad vital, potencia e intelectualidad.
- Claridad
Hay cuerpos opacos y cuerpos que se dejan atravesar por la luz, que
se dispersa en su interior más o menos intensamente según la magnitud de las partículas
que contenga.
La opacidad nos sugiere frialdad, dureza, incomprensión. La
transparencia, calidez, claridad, comunicación. Sin embargo, hay cuerpos totalmente
libres de partículas dispersantes, que aparecen a nuestros ojos llenos de luminosidad y
matices cromáticos.
El vino es uno de ellos. 
- Claro, transparente y brillante como una joya; sensual como una
flor y apetecible como una fruta, asociamos visualmente el vino a flores, frutas y joyas
para expresar nuestras sensaciones y transmitir nuestros sentimientos.
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